El Niño de San Nicolás

Sueña el pequeño con lo que acaba de pasar. San Nicolás estalla en lágrimas de satisfacción a los sones de la Banda de la Cruz Roja que, un año más, regala a los cientos de nazarenos que aún llenan las naves del templo, la estampa de un sueño. Una marcha a solas, para fijar los recuerdos de una tarde para la Historia. Los Jardines se llenaron de luz, la del sol, la de sus ojos y la de todos los pequeños corazones que con varita y canasto recorrieron sus adoquines sembrando amor por la Candela que guía sus vidas. Por eso duerme el pequeño nazareno a hora temprana aún en el templo. Porque no es capaz de saber si vivió o soñó la magia de la tarde que convirtió en día la noche y en noche el día. No sabe si soñó una chicota perfecta desde el Salvador hasta la Alfalfa que inundó de Salud el cuerpo y el alma. No sabe si vivió o si soñó con un Santo Martes que a todos enmudeció. Bendito sueño reparador de fatigas y emociones, que reposaran en el confesionario de nuestras vidas hasta el próximo Martes Santo.

Aurora García.

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